Al igual que un río,
el corazón fluye
Un Drogadicto que se Sumergió en Sus Pensamientos
Mientras Comía un Trozo de Pan de la Basura
Hay un hombre llamado Julio que vive en Nueva York,
en los Estados Unidos. Cuando era joven, emigró de Sudamérica
a los Estados Unidos con su familia y ahí, donde
todos los bienes materiales existen en abundancia, también
es fácil obtener drogas. El gobierno de los Estados Unidos
ha sido incansable en su intento por eliminar las drogas
del país pero no lo ha logrado, por lo que los estudiantes
pueden acceder fácilmente a las drogas. Desde su juventud,
por casi 20 años, Julio ha consumido drogas; cuando
lo haces en tal cantidad como lo hace él, sin duda eres un
drogadicto. Necesitaba de las drogas pero era incapaz de
conservar un trabajo, así que mendigaba y robaba para
conseguir dinero y, cuando lo obtenía, compraba drogas.
Estando drogado no sentía frío ni calor, ni siquiera hambre,
y su corazón encontraba consuelo. Como no podía dejar las
drogas, aunque aún era joven, se convirtió en un vagabundo
y comenzó a dormir en las bancas de los parques.
Un día, cuando se le pasó el efecto de las drogas sintió
mucha, mucha hambre, así que buscó comida entre la basura.
Encontró trozos de pan de hamburguesas que unos
niños habían tirado en la basura del parque. Buscando entre
la basura, Julio había encontrado un pedazo de pan que
alguien había desechado y comenzó a comérselo con desesperación.
Después de comer un poco, notó que el pan tenía
un sabor extraño; era un pedazo de pan echado a perder.
Al principio, como tenía tanta hambre, comía sin pensar, y
sólo se dio cuenta de que estaba podrido cuando se hartó.
Observó el pedazo de pan podrido entre sus dedos, después
los pedazos de pan que habían caído al suelo, y se hundió
en sus pensamientos:
“¿Qué estoy haciendo? ¿Cómo me convertí en esta persona?
Todos los demás compran y comen pan fresco de
la panadería, así que ¿por qué yo estoy comiendo el pan
echado a perder de la basura? Otras personas de mi edad
están casadas y tienen un hogar, pero no puedo imaginarme
siquiera por un instante que yo pudiera comprar una casa.
Y posiblemente nunca me case. ¿Qué mujer querría casarse
con un drogadicto? De todos los autos del mundo, ¿sería
posible que yo tuviera algún día mi propio auto, aunque
fuera un pedazo de chatarra? ¿Qué será de mí en el futuro?”
Mientras se miraba a sí mismo, se comparó con otros por
primera vez. “Algunos manejan autos. Otros se casan y vienen
al parque a caminar con sus bellas esposas y sus hijos.
Otros tienen zapatos nuevos y ropa atractiva. ¿A mí qué
me pasa? He sido adicto a las drogas toda mi vida, así que
seguiré llevando esta vida tan triste hasta el final. Las drogas
han destruido mi vida”.
Estando drogado, nunca había pensado en esto, pero por
primera vez en 20 años descubrió que se había convertido
en una persona fracasada. De pronto tuvo ganas de casarse.
Tuvo ganas de vivir en una casa cómoda, llevar a su familia
al parque, jugar y comprar en la panadería el pan que
quisiera comer. Dentro de él surgió ese corazón con la fuerza
de un volcán, pero cuando se vio a sí mismo, esos sueños
desencajaban totalmente.
Y resultó evidente que si seguía
viviendo igual, pronto se enfermaría, se llenaría de dolor y
sufrimiento, se quedaría solo en el parque y se moriría. En
ese instante, el miedo a la muerte se apoderó de su corazón.
Pero a pesar de ello, Julio no dejó de consumir drogas, la
policía lo arrestó y lo envió a un centro de rehabilitación.
Un centro de rehabilitación es un lugar del cual no está
permitido salir durante un periodo de tiempo y donde te
enseñan a dejar las drogas. Desde el primer día, el instructor
habló con los drogadictos que estaban ahí por la fuerza.
“Escúchenme todos. Quieren dejar las drogas, ¿cierto? Pero
los conozco muy bien. Nunca podrán dejar las drogas haciendo
lo que hacen. Si en verdad quieren dejar las drogas,
entonces escuchen con atención lo que digo. He trabajado
como instructor de rehabilitación durante mucho tiempo
y sé que pueden dejar las drogas”. Lo asombroso es que
Julio ya había estado dos veces en rehabilitación, y había
escuchado al instructor decir las mismas palabras, pero éstas
nunca habían llegado más allá de sus oídos. Esta vez fue capaz
de escuchar verdaderamente lo que el instructor estaba
diciendo. “Es cierto. Así era yo”.
A medida que Julio escuchaba con atención lo que el
instructor decía, echó un vistazo a su alrededor. Todos ahí
eran drogadictos y ninguno de ellos estaba concentrado en
lo que el instructor estaba diciendo. Algunos habían bajado
la cabeza y dormían, otros jugaban con la persona que
tenían al lado y otros estaban distraídos pensando en otras
cosas. Las veces anteriores Julio había hecho exactamente lo
mismo, pero cuando se dio cuenta de que el único final posible
para él era morir a causa de las drogas, su corazón comenzó
a cambiar. Esta vez fue realmente capaz de escuchar
lo que el instructor decía.
A lo largo de la vida, cuando piensas que tienes la razón,
cuando piensas que eres bueno, cuando piensas que eres
extraordinario y cuando piensas que eres inteligente, eres
incapaz de escuchar lo que otros dicen. Sin importar lo
que otros digan, sólo escucharás de manera selectiva lo que
se ajuste a tu corazón. Por otro lado, cuando tu vida es un
fracaso, si eres una persona que ha hecho mal a otros y si
reconoces que eres una mala persona, entonces puedes escuchar
las palabras que otra persona te dice.
Precisamente así, Julio pudo decir: “Ah, ésa es la razón
por la que no podía dejar de consumir drogas”. Fue entonces
cuando logró concentrarse en lo que el instructor
decía. “Durante más de 20 años, he estado atrapado por
las drogas. Pero ahora, si hago esto, entonces podré dejarlas”.
A medida que pensaba en eso, su corazón comenzó a
tener más fuerza, y para el día en que terminó su estancia
en el centro de rehabilitación, había dejado las drogas por
completo. Ahora viene con frecuencia a nuestra iglesia en
Manhattan y su vida es otra.
Sus días de usar zapatos rotos y dormir en las bancas de
los parques han quedado atrás. Después de pensar en su
futuro y en cómo podría tener una muerte deprimente,
comenzó a derrumbarse por dentro. Fue ésta la razón por
la que las palabras de otras personas lograron entrar a su
corazón. Muchas personas intentan dejar los videojuegos,
dejar de fumar o dejar el alcohol. Se llenan de determinación
y utilizan toda su fuerza y determinación para
lograrlo. Algunos lo logran y cambian, pero muchos fracasan
en el intento. Eso sucede porque las personas no saben
realmente cómo es el mundo del corazón. Los cambios
en la vida no ocurren por la determinación y el esfuerzo; es
el corazón el que debe cambiar primero.
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